Y cuando el príncipe le puso el zapato y ella se levantó y se sintió volar alto, muy muy muy alto y él la besó y ella le besó, empezó a notar que el zapato de cristal era de cristal y notó dolor, mucho mucho dolor y, sólo, cuando ya no era capaz de reprimir las lágrimas, decidió quitárselo y guardarlo en un rincón de la habitación.
Fin.